martes, 27 de mayo de 2014

El gigante egoísta



Bradford, al norte de Inglaterra, época actual. Una población industrial reminiscente de los medios obreros captados por el primer Ken Loach (Kes, Una vida de familia). En ese lugar se ambienta El gigante egoísta (The selfish giant), de la directora estadunidense, radicada en el Reino Unido, Clio Barnard.

Aunque la cinta declara inspirarse (muy libremente, por cierto) en el cuento homónimo de Oscar Wilde, a lo que asiste el espectador es a una radiografía en extremo realista de una zona pauperizada donde es común la deserción escolar, la explotación laboral infantil, y en definitiva el escamoteo de una formación adolescente por la rápida transición de la niñez a la edad adulta. Los dos protagonistas púberes de la cinta, el rebelde y astuto Arbor (Conner Chapman, soberbio) y su amigo de juegos y escapadas, el tímido y sensible rubicundo Swifty (Shaun Thomas) se convierten muy pronto en proveedores eficaces de sus familias disfuncionales y menesterosas.

El gigante egoísta semeja una actualización de la dura radiografía social emprendida por Charles Dickens en su novela Oliver Twist y de sus versiones fílmicas (David Lean, 1948; Carol Reed, 1968) más memorables. La emotiva parábola de Wilde con su bienhechor niño fantasma se transforma aquí en un cuento cruel sobre el modo en que Kitten (Sean Gilder), negociante de chatarras y otros residuos industriales, lucra sin escrúpulo alguno con la necesidad material de los dos adolescentes, aprovechando también en beneficio propio, y sin medir la gravedad de los peligros, sus impulsos aventureros.


La también directora del estupendo documental The Arbor (2010) sobre la dramaturga nacida en ese mismo Bradford, Andrea Dunbar, se guarda muy bien de todo comentario moralista, dejando que su cinta adopte sin rodeos el punto de vista de sus jóvenes protagonistas. Son ellos, en particular el indomable Arbor, quienes observan con desprendimiento e ironía el mundo adulto que les rodea.

En una escena clave, Arbor recibe a la policía que llega hasta su casa para pedirle cuentas, que antes de entrar se quiten los zapatos. El relato consigna así, en breves pinceladas, la calamitosa educación sentimental de este joven y su inseparable amigo Swifty en un entorno social muy duro, donde el precio de la supervivencia es un blindaje emocional, en ocasiones llevado al límite, que sin embargo se resquebraja ante nuestros ojos de una manera vigorosa y emotiva. Una de las mejores sorpresas de esta Muestra.

Se exhibe en la sala 1 de la Cineteca Nacional. a las 12:00 y 18.30 horas.

lunes, 26 de mayo de 2014

Se levanta el viento de Hayao Miyasaki



La espuma de los días. En su película testamentaria, El viento se levanta, Hayao Miyasaki, maestro indiscutible de la animación japonesa, deja de lado parcialmente su gusto por el relato fantástico (El viaje de Chihiro, 2001;El increíble castillo vagabundo, 2004), para volcarse de lleno en un registro realista que sorprenderá a sus seguidores más fieles.

Su película narra una historia de amor desafortunado y elabora también la crónica apresurada de los años de plomo de la historia japonesa del siglo veinte: terremoto en Tokio en 1923, epidemia de tuberculosis, depresión económica, alianza estratégica con la Alemania nazi, involucramiento en la Segunda Guerra, y una capitulación vivida como la hecatombe espiritual de todo un pueblo. El punto de partida es el tributo, a manera de semblanza biográfica, a Jiro Horikoshi, el joven ingeniero de aviación, creador del célebre avión de caza Zero (Mitsubishi A6M), máquina de guerra aérea piloteada por kamikazes que causó las devastaciones en Pearl Harbor.


Para contrarrestar el dudoso elogio belicista, la cinta elige un tono lírico preñado de humanismo y evoca las dos pasiones más íntimas de Horikoshi: por un lado, su héroe predilecto, el pionero italiano en aeronáutica Giovanni Caproni, quien se vuelve el detonador de toda la imaginación e inventiva del joven ingeniero; por el otro, la joven Naoko, figura frágil, amenazada por la tuberculosis, que como variante de la heroína de Boris Vian en la novela La espuma de los días (en cine, Amor índigo, Michel Gondry, 2013), conducirá al protagonista de un entusiasmo amoroso inicial a un triste duelo anticipado.



Basada en la historieta homónima de Miyasaki, a su vez inspirada en una novela de Tatsuo Mori, Se levanta el viento proclama desde su epígrafe, motivo recurrente en la cinta, un mensaje optimista en medio de la tragedia íntima que vive Horikoshi, y el dra- ma colectivo de la nación nipona después de la guerra. El romanticismo del relato, plasmado en imágenes soberbias, opera como un bálsamo que restaña las heridas del personaje y de su país vencido. El epígrafe procede de una estrofa del largo poema El cementerio marino, de Paul Valéry:¡Se levanta el viento!... es preciso intentar vivir. A manera de autocrítica reflexión crepuscular y de elegía por los tiernos amores vencidos y las arrogancias militaristas derrotadas, es difícil un logro más emotivo y redondo.

Se exhibe en la sala 1 de la Cineteca Nacional a las 12, 17 y 21:30 horas.

El gigante egoísta



Título original: "The Selfish Giant". Dir.: Clio Barnard. País: GranAño: 2013. Guión: Clio Barnard basada en el cuento El gigante egoísta, de Oscar Wilde. Fotografía: Mike Eley. Música: Harry Escott. Edición: Nick Fenton. Con: Conner Chapman (Arbor), Shaun Thomas (Swifty), Ralph Ineson (Johnny Jones), Sean Gilder (Kitten), Ian Burfield (Mick Brazil).Productor: Katherine Butler, Lizzie Francke y Tracy O'Riordan. Compañía distribuidora: Caníbal. Compañía productora: BFI Film Fund, Film4, Moonspun Films. Duración: 91 mins. Clasificación: B-15. 






Sinopsis: 

Basada en el clásico de la literatura infantil El gigante egoísta, de Oscar Wilde, esta adaptación homónima cuenta la historia de la amistad entre un par de adolescentes desarraigados, habitantes de un entorno marginal. El día que Arbor y su mejor amigo Swifty, dos chicos de 14 años excluidos del colegio y aislados de su comunidad, conocen a Kitten, un chatarrero, empiezan a robar chatarra para él. Pero cuando Arbor comienza emular a Kitten las cosas toman un rumbo distinto.





Clio Barnard | Santa Bárbara, Estados Unidos, 1965

El gigante egoísta es un cuento de hadas victoriano sobre las heridas del amor, una fábula acerca de niños excluidos que contiene algo tremendamente verdadero en su interior. Cuando hice el documentalThe Arbor, pude ver a muchos niños marginados, no sólo de la escuela, sino de la sociedad, y cómo de alguna manera son satanizados. El gigante egoísta, de Oscar Wilde, es el libro favorito de mi hijo y por eso decidí basarme en él para contar esta historia. Esta película nace del enojo que me hace sentir la situación de estos muchachos y lo que no se hecho por ellos. Se ha vuelto algo muy importante para mí.

viernes, 23 de mayo de 2014

CHIC HAUS, Edición 34 - Mayo de 2014





























Ninfomanía Vol. 1





Dividida en dos volúmenes, con un total de poco más de cuatro horas de duración para una versión que con anuencia de su director, Lars von Trier, suprime escenas de sexo explícito, y cinco para una versión completa hasta hoy visible sólo en festivales,Ninfomanía (Nymphomaniac) es el largo recuento que hace una mujer de su intensa vida sexual pasada, de la destrucción que su promiscuidad ha provocado en torno suyo, y de las culpas que, mezcladas a una vacilante reivindicación del placer, aún siguen asaltándole.


Los espectadores de la Muestra verán la versión editada y los cinco capítulos que la componen, quedando para una fecha imprecisa los tres capítulos complementarios del segundo volumen. Todo ello a manera de un coito interrumpido, algo que curiosamente ilustra la des-erotización del material que con malicia opera el director en una película que la mercadotecnia, la controversia crítica, el morbo y el gusto por el escándalo se empeñan aún en presentar como pornográfica.

El incorregible iconoclasta que es Lars von Trier manipula todavía más el asunto diluyendo las fronteras entre un punto de vista falsamente feminista y una actitud suya abiertamente misógina. Con ello fascina convenientemente a los cinéfilos cazadores de emociones fuertes con barniz de profundidad filosófica o artística, e irrita, de modo igualmente conveniente, a los guardianes de la corrección moral que descalificarán su trabajo como reaccionario, narcisista, puritano e, insulto supremo, tedioso.


Como el propósito de la película se comprende mejor viendo y comparando sus dos volúmenes, habrá que intentar hacerse, a partir del material hoy accesible, una idea preliminar de su conjunto. Joe, una mujer de 50 años (Charlotte Gainsbourg), refiere confesionalmente a Seligman (Stellan Skarsgard), un maduro interlocutor solícito, su larga y vieja adicción al sexo. Un flash-backmuestra a una Joe muy joven (Stacey Martin) en sus laboriosos esfuerzos por erradicar el amor que distorsiona la realidad de todos sus encuentro sexuales (diez al día, en promedio), con el fin de preservar la impecable pureza de una lujuria transgresora. Seligman intentará comprender esa cándida soberbia satisfecha y disminuir en algo la culpa de la joven con elaboradas digresiones filosóficas.

Difícil imaginar algo menos erótico que ese doble juego de confesión y paciente escucha, aun cuando a éste lo interrumpan viñetas sexuales pudorosamente gráficas, artificios estilísticos (sobreimpresiones de números y textos, pantalla dividida, acciones paralelas), y una disquisición que equipara la polifonía de la música barroca con esa martirizada ninfomanía que hoy ofrece el virtuoso provocador Lars von Trier.

Se exhibe en la sala 1 de la Cineteca Nacional. A las 12 y 18.30 horas.

Historias de caballos y hombres






En Historias de caballos y hombres, su debut como realizador, el actor islandés Benedikt Erlingsson (protagonista en El jefe de todo esto, de Lars von Trier), ofrece un relato coral sorprendente.

Varias anécdotas conectadas entre sí, con el ojo de un caballo como elemento de transición narrativa, describen la vida cotidiana de una comunidad rural islandesa. Lo que pudiera ser una crónica costumbrista, maliciosamente se transforma en una comedia negra con tintes líricos y una carga muy aguda de observación social. La premisa es sencilla: mostrar las equivalencias y contrastes entre la conducta humana y el instinto animal, tomando como objeto de estudio a los propietarios de caballos y a los propios cuadrúpedos que en todo tiempo parecen observarlos.


En una escena, un jinete cabalga a su yegua blanca favorita y se dirige a cortejar a una viuda, dueña a su vez de un corcel negro en brama. Sigue una situación jocosa en la que se oponen el deseo aún insatisfecho de la pareja humana y el instinto sexual desbocado de los animales. La farsa, sin embargo, concluye en un drama.

Otras escenas se antojan casi surrealistas, como la de un caballo, cargando a un jinete alcohólico, que literalmente cabalga en un mar embravecido hacía el navío carguero ruso que habrá de proveer una bebida mortífera. El montaje de la cinta es eficaz y la banda sonora, omnipresente, tiene una variedad y fuerza memorables. Las historias se suceden como parábolas de una grandeza animal y una miseria humana caprichosamente intercambiables.


Una de las escenas más bellas ilustra la fragilidad del ser humano en su contacto con la naturaleza, al tiempo que su inventiva para enfrentar sus severidades. Juan, un joven colombiano, recurre a un expediente extremo para no morir de frío, y en su denodado empeño hay la poesía de algún cuento de Maupassant, aquél del soldado rescatado de la inanición por la leche materna, con una curiosa variante, aquí en el más inclemente de todos los inviernos.

En esta reunión de historias locales, casi leyendas de una tradición oral, la generosidad en la observación ha desplazado por completo a toda sátira. Caballos y hombres comparten una vulnerabilidad semejante, con los instintos de los primeros y los sentimientos de los segundos confundiéndose de modo perturbador, al punto de que pareciéramos descubrirla por vez primera. Una mirada realista a la tradición ecuestre, entre el documental y el registro costumbrista, sirve sorprendentemente de enlace para revelar con brío narrativo aristas novedosas de la condición humana.

Se exhibe en la sala 3 de la Cineteca Nacional. 12 y 18.30 horas.

Twitter: @CarlosBonfil1